¿Se pueden uds. creer que había expertos en explosivos en un quirófano? Pues así fue, hace unos días, el fin de fiesta rocambolesco que un joven vivió en Francia. Apareció en el quirófano con un objeto en el recto que resultó ser un pequeño (ejem) obús de la primera guerra mundial. Al final tuvo suerte porque no llegó al clímax de los obuses, o sea explotar.
Lean, lean la noticia si les deja el periodicucho. En otro caso aquí les dejo una impresión en pdf por si las moscas.
En este mundo nuestro en el que todos -o casi- ejercemos de turistas ocasionales, será bueno recordar que tal circunstancia parece acrecentar las estupidez hasta límites estratosféricos. Ejemplo de hoy: Roma, la «boca de la verdad», donde la gente hace cola para meter la manita en las fauces de un trozo de mármol colocado en la pared de una iglesia y, como no, hacerse la fotito inmortalizadora de tal hazaña (la de hacer cola, digo).
Pues sepan uds. amigos lectores que si son capaces de aguantar el ruido, el calor, la cola y vencer el asco para meter la mano en tal lugar, habrán conseguido uno de los retos romanos. Los otros son tirar la monedita en la fontana de Trevi (ahora habrá que pagar para hacerlo), mirar por el agujero de la puerta para ver la cúpula del San Pedro y colocar un candadito o unos auriculares en los foros.
Y si han llegado hasta aquí sepan, abnegados lectores, que la tal «boca de la verdad» tenía como uso otro muy distinto cuando fue concebida, pues se trata de la tapa de una alcantarilla. De diseño e ingenio, eso sí, pero una tapa de alcantarilla. Hala, a turistear, a turistear que el mundo se va a acabar.
De cuando me lavaban el cerebro con la mitología israelí, denominada unilateralmente «historia sagrada», me acuerdo de un cabreo de Moisés cuando bajó de la montaña con las «órdenes del supremo dios -las tablas de la ley» y se encontró con que andaba el populacho adorando a un becerro de oro. Pues imagínese lo que el propio dios -o su comisionado del momento- haría si se encontrase con esta escultura que fotografié en alguna iglesia romana: un niñito gordito de ooooooro.
Nótese el contraste pecuniario con el san Jerónimo (Girolamo en el idioma local), y también la coincidencia del casto manto que tapa las vergüenzas (así nos adoctrinaron) del uno (paño rojo) y del otro (metálico ¿plata?).
Hace unos meses publicaba una foto hecha en la plaza de Salamanca en la que había una manifestación sin público, Asistencia 0. Ayer me encontré en Huelva (cerca de la calle Plus Ultra) con otra del estilo, una pequeña colección de personas que manifestaban su apoyo a los migrantes y refugiados. Loable intención, la verdad, pero al parecer por la asistencia que les acompañaba y el caso que les hacían los transeúntes parecía una versión calcada de la de Salamanca. También estaban leyendo un comunicado (un par de folios, me pareció) que solo escuchaban ellos. Muy monas las velitas en el suelo para dar ambiente, hay que decirlo. Me da la impresión de que mejor harían quedándose en su sede o en su casa, visto el impacto social obtenido, casi cero, porque a la izquierda de la foto en un lugar que no se ve había un par de señoras, una de las cuales era inmigrante y la otra parecía su amiga. Quizá pasaban por allí y se quedaron. Quizá no tenían vela y cartelito, quizá tenían vergüenza… a saber.
Vender, el caso es vender. Aunque haya que vender trolas, imaginaciones, invenciones o elucubraciones de noches calenturientas. Mientras se compre…
Caso de hoy: escultura de «la virgen niña» fotografiada en Roma hace algunas semanas. No le falta detalle: el gesto candoroso, los doraditos, la coronita, los labios rojitos, los pendientitos, la varita mágica… una sarta de lugares comunes para mentecatos. Eso sí, debajo había ¡cómo no! una hucha para «adorar» a semejante engendro de la imaginación con vistas al negocio. Disfruten de la «la inmaculada niña».
En el jardín de Vila Borghese, concretamente a la entrada del museo Carlo Bilotti (gratuito hasta hace poco) se encuentra esta muestra de «arte chapuceril» de pura factura italiana.
El rey está desnudo y, por el momento, nadie se atreve a decirlo en voz alta. Este rey parece, además, un niñato malcriado, vanidoso, egocéntrico, grosero, caprichoso… que en cuanto no se le hace caso le entran pataletas:
Y este con el que nos está tocando convivir sería, probablemente, uno (entre muchos) de los reyes desnudos más peligrosos en la historia de la humanidad.
La imagen de la carta (que parece haber sido confirmada por TWH) está descargada de alguno de los varios medios que se han hecho eco de este asunto; entre otros: 1, 2, 3, 4, 5, 6.
Esta es irlandesa. Un país que lucha por el primer puesto de «Primera reserva espiritual de Europa» en duro litigio con Polonia, España e Italia entre otros. En la foto se observa una curiosa gruta-cripta cercana a una iglesia. A la espalda del lugar (invisible en esta foto) se encuentra la antesala: un jardín con forma de corazón. Entrañable ¿no?
Esa moda de poner los nombres en inglés en lugares en los que la población apenas sabe de esa lengua el «yes» y el «by» ha calado hondo. En esta de la foto las letras de la tienda Linda Nails son de tamaño descomunal. Sus clientas (casi solo tías) de inglés me temo que no sepan ni esas dos palabritas citadas. Tal es así la cosa que la emprendeduría puso bajo el que creen rimbombante nombre en inglés la explicación «manicura y pedicura» y, por si alguna parroquiana no llegase tampoco a esos términos abajo explica «salón de uñas».
El otro día en el estante de una biblioteca salmantina me llamó la atención esta combinación de textos que, hoy día, tiene implicaciones más que preocupantes. Juzguen ustedes mismos.